Mi experiencia extraordinaria: Andrea Rivas
29
Jun

A las 5:45 a.m., Andrea Rivas Maal sale a correr rodeada del bosque cerca de su hogar en Woodlands.

“Si mi día empieza así, lo demás va a salir bien”, asegura la nutricionista y triatleta sobre sus amaneceres en Panamá Pacífico, donde vive desde hace un año. El entrenamiento diario y el entorno natural mejoran “el nivel de productividad, la concentración, la creatividad y lo tolerante que eres en todos los aspectos de la vida”, asegura Rivas con la energía que la caracteriza.

Su profesión se centra en mejorar el bienestar de las personas, a través de una vida saludable, lo que la hace sensible al impacto del entorno. Cuenta que antes vivía en el centro de la ciudad, donde tenía cerca la oficina de su esposo, el maternal de su hijo y su apartamento. Esta ubicación en una ciudad ajetreada por el tráfico podría parecer ideal, pero comenta que el estrés urbano era un vecino fiel.

“Estaba en el medio de la ciudad, en el medio del caos. No hay un periodo total de espacio porque siempre hay ruido; las siestas del bebé eran interrumpidas por alguna bocina y las horas de entrenamiento también eran diferentes”, recuerda.

Durante sus entrenamientos se fue enamorando de otro lugar, Panamá Pacífico, donde venía a entrenar los fines de semana, y que le recordaba sus escenarios de infancia.

“Crecí en un área que era super verde, en Turmero, Venezuela. Mis papás tienen una casa con mucho jardín, donde siempre había animales, perros, conejos, patos. Todas mis tardes eran de jugar afuera. Eso era lo que yo quería para mi familia”, comenta. “No quería que mi hijo pasara todo el día entre cuatro paredes, mirando una pantalla, sino que tuviera la posibilidad de salir con los perritos, irse corriendo, ir al parque a hacer amigos”.

Todas las mañanas, Andrea conduce a su esposo a su oficina en el centro de la ciudad y a su hijo de tres años en el maternal, para luego atender Almendra, su negocio de catering de comida saludable. A las 11:30 a.m., pasa por su hijo a la escuela y regresa a Panamá Pacífico, donde sigue la jornada de trabajo en su computadora sobre una pequeña mesa en el área frontal de su casa, mientras su hijo juega cerca.

“Siento que comencé a tener más tiempo disponible desde que me mudé a Panamá Pacífico, pese a que no estamos todos en la misma cuadra. El día comienza más temprano, la organización es mejor, entrenamos relajados, con calma, en áreas verdes, la piscina es un sueño”.

A las 4 p.m., la nutricionista vuelve al centro de la ciudad. Entonces, su esposo sale a entrenar en la Avenida Balboa empujando el coche del bebé, mientras ella atiende clientes de su otro proyecto, UltraFitMe, un centro de bienestar.

El día termina a las ocho de la noche, cuando los tres llegan juntos a Woodlands, para seguir disfrutando de su vida extraordinaria.

Una vida más saludable

En su cuenta de Instagram, Andrea se describe como una ‘stroller mom’, y asegura que el ejercicio físico “es un tema familiar total. Teníamos dos meses que no habíamos ido a un evento en domingo y el bebé preguntaba los domingos y ‘hoy no hay carrera”.

Para ella, ejercitarse no se trata liberar un tiempo en la agenda, sino de pensar en la actividad física y la familia como un “todo incluido”. Mi casa está organizada de manera tal que en el centro hay un espacio para que el día que llovió y no pudimos salir, se pone el mat y allí hacemos ejercicio los tres. Si hay que salir a hacer ejercicio -nosotros no tenemos nana-, el bebé tiene que venir y nos vamos a correr con él”, comparte con alegría Andrea.

Por su profesión, tiene claro lo difícil que puede ser lograr cambios de hábitos, y que no existe ‘una fórmula´ para lograrlo. “Cuando unes todos los puntos de una persona, por ejemplo, dónde vive, cuánto tiempo pasa sentada en el carro, cuánto tiempo de verdad tiene para dedicarle a preparar sus comidas o para el ejercicio, ya tienes como una visión más clara. No es realista decirle a alguien que duerme nada más cinco horas por temas de trabajo y traslado, que tiene que dedicar el domingo a cocinar. Eso no es real, nadie sostiene eso a largo plazo”.

Considera que hay dos ajustes que logran ese salto a un aumento en el bienestar.

“Cuando es una persona que no desayuna, en el momento que incluye todas las comidas, al menos las tres comidas principales, ya comienza a ver un cambio metabólico importante, y ya empieza a sentirse mejor y a tener más ganas de hacer cosas”.

En el caso del ejercicio, recalca que el truco es resistir las primeras tres semanas. “Estudios han demostrado que, si haces una cosa por 21 días, a las tres semanas, se puede comenzar a generar un hábito, a la cuarta semana vas a sentir la diferencia entre un día que lo haces y un día que no. Cuando pasan seis a ocho semanas, comienzas a ver un cambio significativo en ti, no solo en el peso y la ropa; lo notas en tu ánimo, la calidad del sueño y en tu piel”.

Son pequeñas decisiones las que llevan a grandes cambios en la vida y generan bienestar, como su decisión de vivir en un mejor lugar, con un incomparable entorno natural.